Las satisfacciones de la enseñanza de canto o Aprender enseñando

Hace muchos años, y ante los reiterados pedidos de una amiga, empecé a enseñar canto. Luego de varios “no”, accedí a hacerlo y de a poco me entusiasmó la idea de tener más alumnos. En principio solo fue canto negro, lo que yo cantaba, lo que había aprendido de mi maestra Cristina Aguayo y de todos los cantantes negros que venia escuchando desde hacía mucho y me parecían maravillosos. Lo hice varios años hasta que el trabajo intenso con Las Blacanblus ya no me dejó tiempo y debí abandonar la enseñanza.

Un problema en mis cuerdas vocales hizo que me adentrara en las técnicas de reeducación vocal, aprendiendo a usar la voz correctamente (con la excelente fonoaudióloga Lic. María Rosa Vanella) y reconocer qué pasaba en mi cuerpo cuando cantaba. Superé ampliamente el problema de mi voz, sin dejar de cantar nunca a pesar de la nutrida agenda de mi banda.

Después de años en los que me seguían preguntando si enseñaba y de decir que no infinidad de veces, decidí volver a empezar, pero no con lo que hacía antes, canto negro, sino tratando de transmitir esa técnica que había aprendido, a mi manera, con mis palabras, sin presionar a mis alumnos (práctica bastante común en algunos profesores que utilizan las rigurosas técnicas del canto lírico), enseñando que cantar es un placer y cualquiera puede hacerlo, que cantar debe ser tan natural como hablar y que nada ni nadie nos debe impedir hacerlo.

Así es que llego a estas instancias de mi carrera no solo cantando sino aprendiendo día a día junto a mis alumnos, sorprendiéndome y alegrándome ante cada avance, ante cada escollo superado, y ante cada sonrisa de ellos al despedirse luego de la clase.

Viviana Scaliza